Decime lo que presumís y te diré todo lo que te hace falta.
Después de más o menos 15 años, regresé a las aulas a aprender sobre literatura y modelos docentes. No fue nada fácil enfrentarme a la necesidad, un tanto impuesta por mis empleadores, de regresar a validar mi conocimiento y mi experiencia con un cartón que solicita el ministerio de educación. Era un sábado por la mañana en el corazón del corazón de esta ciudad. Pero esta vez no era para reunirme a ser parte de manifestaciones bohemias o a leer poesía o a hacer arte; era para convertirme en un alumno más rodeado de otros en circunstancias muy similares a las mías. Pero a la vez muy distantes. Mi coordinadora de área me pidió encarecidamente que me convirtiera en una persona humilde y que aceptara que aún tenemos mucho que aprender de muchas personas. He de aceptar que no fue la primera actitud con la que llegué a dichas aulas. Mi interés era simplemente entrar al aula y quedarme callado para saber que esperarían mis profesores de mi y encontrar la fórmula apropiada para gan...